FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA
en una SOCIEDAD GLOBALIZADA y MULTICULTURAL.
¿QUÉ BUSCAS: ÉXITO, RIQUEZA, AMOR?
¿QUÉ BUSCAS: ÉXITO, RIQUEZA, AMOR?
Una mujer salió de su casa y vio a tres viejos de largas barbas sentados frente a su jardín. Ella no los conocía y les dijo:
No creo conocerlos, pero deben tener hambre. y los invitó a pasar.
- No podemos entrar a una casa los tres juntos.
-¿Porqué? preguntó ella.
Uno de ellos señaló a los otros dos y explicó: El se llama RIQUEZA, el otro es EXITO y yo me llamo AMOR.
Ahora ve adentro y decidan entre tu familia cuál de nosotros desean invitar.
La mujer entró a su casa y le contó a su marido lo que ellos le dijeron.
El hombre se puso feliz. Invitemos a RIQUEZA, dijo. - Dejemos que entre y llene nuestra casa de riqueza.
Su esposa no estuvo de acuerdo. -Querido, ¿porqué no invitamos a ÉXITO?
La hija que estaba escuchando propuso: ¿No sería mejor invitar a AMOR?. Nuestro hogar entonces estaría lleno de amor.
Hagamos caso del consejo de nuestra hija, dijeron.
La esposa salió y les preguntó a los tres viejitos: -¿Cuál de ustedes es AMOR? Por favor, que venga para que sea nuestro invitado.
AMOR se puso de pie y comenzó a caminar hacia la casa. Los otros dos también se levantaron y lo siguieron.
Sorprendida, la dama les preguntó a RIQUEZA Y EXITO:
-Yo solo invité a AMOR, ¿Porqué ustedes también vienen?
Los viejitos respondieron juntos:
-Si hubieras invitado a RIQUEZA o ÉXITO, los otros dos habrían permanecido afuera, pero ya que invitaste a AMOR...
DONDE SEA QUE ÉL VAYA, NOSOTROS VAMOS CON ÉL. DONDE QUIERA QUE HAY AMOR, HAY TAMBIÉN RIQUEZA Y ÉXITO.
Desconozco su autor.
La parábola de la vida Con esta parábola nos introducimos en las bases o fundamentos de la Ética , que es el tema de nuestra página web ÁGORA.
. REFLEXIONES SOBRE LA ÉTICA INTRODUCCIÓN :PANORAMA DE NUESTRO ENTORNO REAL.
Uno de los rasgos que afectan hoy día a la Ética es el llamado relativismo ético. No en vano es el problema que sintetiza una situación cultural caracterizada tanto por la apertura a nuevas oportunidad como por la debilidad intelectual de fondo. Aquí se detectan, ciertamente, algunas de las consecuencias poco deseables del presunto abandono de la modernidad, como puede ser el rechazo del universalismo ético kantiano, en favor de formas de racionalidad circunstancial o puntual. Aunque en la discusión común, tal como aparece en los medios de comunicación, todo se simplifica, de suerte que estar a favor de preceptos morales que no admiten excepción equivale a ser "conservador" o "cerrado", mientras que remitirse a la conciencia individual o a las meras consecuencias de los propios actos pasa por ser propio de personas "abiertas" o "tolerantes". Para centrar bien la cuestión, lo primero que habría que hacer es no admitir tales etiquetas y remitirse a los verdaderos intereses que están en juego y, sobre todo, a la dinámica real de la vida ética. Los intereses en juego, por de pronto, suelen ser menos limpios que los que aparecen ante la opinión pública: baste pensar en el "neocolonialismo demográfico" que está en la base de las posturas antinatalista mantenidas por la Unión Europea o los Estados Unidos en las reuniones internacionales de El Cairo, Copenague o Peking. Más interesante filosóficamente es la consideración de lo que sucede realmente con la vida ética cuando se rechaza la ley natural. Como indicó hace tiempo Elisabeth Anscombe, la postura que está en la base de la mayor parte de los errores éticos actuales es el emotivismo. Se parte de algo que, sencillamente, no es verdad: del inmediatismo de la percepción moral. Se entiende que las actitudes éticas son objeto de preferencias individuales irreductibles a cualquier fundamentación racional. Estamos ante la libertad entendida como choice, es decir, como opción o elección entre varias posibilidades disponibles, algo así como si se tratara de diversos artículos expuestos a la venta en una gran superficie. La postura pro choice sería la única propia de personas maduras y razonables en una sociedad democrática, a la que habría que someter, incluso la postura pro life. Pues bien, lo que cabe decir es que la choice así entendida no tiene madurez ni racionalidad alguna: es pura espontaneidad, que más que otra cosa, refleja infantilismo. Nos guste o no, lo cierto es que la vida moral tiene una dinámica, conocida por todas las tradiciones sapienciales, según la cual no hay cualidades éticas innatas o puramente naturales. Como decía Aristóteles, lo que hay que hacer después de haber aprendido lo aprendemos haciéndolo. Con palabras más claras: es preciso aprender a elegir de modo éticamente correcto, y este aprendizaje sólo se realiza en la práctica. Según ha señalado Mac Intyre, tenemos que aprender, en primer lugar, a distinguir entre lo que me parece bueno y lo que realmente es bueno: entre lo que meramente me gusta y aquello que verdaderamente me perfecciona y me capacita para alcanzar una vida buena. Y esto no lo aprendemos solos, por nuestra propia cuenta y riesgo. Siempre lo aprendemos en una comunidad. Detrás del error de la espontaneidad individualista hay -como suele pasar con todos los errores- algo positivo e interesante que no se está entendiendo bien. Lo interesante y positivo aquí es lo que Charles Taylor ha llamado "el ideal moderno de la autenticidad". A diferencia de las sociedades tradicionales, en las que el propio status y su valor moral venía dado por la inserción de la persona en una totalidad jerárquica, las culturas modernas descubren que la posición en la vida y la categoría ética de cada uno tienen que ver con su propia e irrepetible identidad. Hay como una "voz moral" dentro de cada uno de nosotros que nos indica cómo hemos de comportarnos y cuál es nuestra misión en la sociedad. A esa voz, reveladora de nuestra identidad, hemos de ser fieles si no queremos malbaratar nuestra vida. Se trata de un descubrimiento radicalmente cristiano, que San Agustín elevó a una posición filosófica de primer rango. Pero este ideal de la autenticidad se trivializa y se disuelve cuando no se advierte que la identidad personal sólo se descubre a la luz de horizontes valorativos y sociales que van mucho más allá de la propia individualidad. El ser humano sólo se puede realizar auténticamente en diálogo estable con aquellos que George Herber Mead llamó los "significant others", es decir, los interlocutores relevantes, como son los padres y hermanos, los vecinos, los compañeros de trabajo o los amigos. Sin compartir con ellos situaciones permanentes de diálogo, yo no puedo descubrir esos bienes comunes -como es la propia amistad- que son imprescindibles para descubrirme a mí mismo y empezar a desplegar una vida moral. Por eso, son necesarias las comunidades abarcables, vividas, en las que comienzo a distinguir lo que parece bueno de los que realmente lo es, y voy adquiriendo capacidades de discernimiento y elección que incorporo como hábitos activos o virtudes. En tales comunidades han de tener vigencia una serie de reglas que no admitan excepción, porque de lo contrario es imposible la lealtad que el adiestramiento ético presupone. Por ejemplo, nunca se deben decir mentiras, porque de lo contrario se daña en su mismo núcleo esa conversación humana al hilo de la cual acontece todo crecimiento personal; nunca deben transformar relaciones de confianza o aprendizaje en relaciones de placer físico inmediato, razón por la cual todas las culturas prohíben el incesto o el abuso sexual de menores; se debe respetar a los ancianos, porque ellos han acumulado una gran experiencia vital que pueden transmitir a los más jóvenes... En definitiva, las prescripciones de la ley natural son condiciones imprescindibles para que se descubran los bienes y se cultiven las virtudes. Tenemos así -expuesta en su núcleo natural más rudimentario- una moral de bienes, virtudes y normas, que la filosofía y la teología desarrollarán y fundamentarán con un discurso ético de alcance universal. Tal viene a ser, básicamente, el propósito del conocido documento papal "Veritatis splendor". Como señalan algunos autores, todo intento de concebir la libertad humana como una capacidad de elegir que es anterior e independiente de los preceptos de la moral natural, no sólo estará teóricamente equivocado, sino que será prácticamente inviable. Porque la libertad no se puede llegar a constituir plenamente si no se sabe que las virtudes y normas no la constriñen, sino que la posibilitan. La libertad no se puede desplegar a espaldas de la verdad. Naturalmente, será en términos de la propia cultura como cada ser humano formulará inicialmente estas verdades que atañen a su propia naturaleza. Pero, si están certeramente orientadas, tales formulaciones trascenderán los parámetros de la propia cultura, de la cual no somos prisioneros. Porque toda auténtica cultura nos hace trascenderla y entrar en diálogo con otras culturas. Lo cual es hoy más visible que nunca, porque si bien han aumentado los conflictos culturales al crecer la movilidad social, también es cierto que las respectivas culturas se han hecho más porosas para recibir aportaciones externas a ellas. Se produce así lo que Gadamer llamaba "fusión de horizontes": la propia manera de entender el mundo se perfila sobre el fondo de otras maneras de comprender la realidad, en las cuales encontramos muchos elementos que son complementarios de una idiosincrasia a la que no es necesario renunciar, pero que es posible enriquecer. Si no se plantea así el problema del multiculturalismo, no sólo se llega a extremos ridículos, sino que el enredo entre el reconocimiento de la igualdad y el reconocimiento de la diferencia se hace teórica y prácticamente insuperable. En términos ontológicos, es preciso recordar algo que se sabe, al menos, desde los tiempos de la polémica de los filósofos de la escuela de Atenas con los sofistas: que todas las realidades humanas están mediadas por la cultura, pero que esas mismas realidades no se reducen a su mediación cultural. En toda expresión cultural, como diría Spaemann, hay un "recuerdo de la naturaleza" humana que en ella se manifiesta. De manera que ir contra esa naturaleza implica destruir el fundamento mismo de tal manifestación cultural. El último análisis y de acuerdo con George Steiner, siempre nos encontramos con la "presencia real" de la propia naturaleza, por más oculta que parezca tras las construcciones y deconstrucciones culturales. Así que el relativismo ético de corte culturalista responde a una defectuosa concepción de la naturaleza humana y de la propia índole de la cultura.
I.- LA FUNDAMENTACION ETICA Visión y comprensión del HOMBRE INTEGRAL Introducción: Tres preguntas básicas: * ¿QUIEN SOY? La pregunta de ¿Quién soy?, inmediatamente connota su referencia a los demás, al tiempo y al espacio. Es imposible no hacer referencia a las otras personas ya que ésta es una interrogante sobre la identidad inter-personal (en referencia a los demás) y social (tiempo y espacio), * ¿QUE DEBO HACER? Pregunta de autodefinición que entra en el campo del "deber ser", por lo tanto si sé quién soy, sé que debo hacer. * ¿QUE SENTIDO TIENE LA VIDA? Esta pregunta se plantea por el sentido de las cosas, de los acontecimientos. El descubrir el sentido de la vida, facilita la construcción de la propia identidad e ilumina el "qué hacer". A la vez el crecimiento personal (decisiones correctas), orientan la búsqueda por éste sentido. De acuerdo con las enseñanzas de la Biblia, concluyo que el sentido de la vida debiera ser el "aprehender a amar", ya que al morir, Dios nos pasará la cuenta y nos preguntará "cuánto has amado...". La pregunta por el qué debo hacer, pertenece a la dimensión ética como búsqueda por realizar lo correcto y lo debido frente a las distintas alternativas que se presentan. 1.- APROXIMACIÓN ANTROPOLÓGICA. A).- generalidades. La libertad hace comprender al hombre como proyecto, ya que conjuga la responsabilidad frente a la realización y crecimiento de la humanidad. La Antropología es el factor clave para la reflexión ya que constituye un horizonte ético, siendo la realización de la persona en sociedad su preocupación central. Es la base por la cual elabora su reflexión. Entrega orientaciones en cuanto a la responsabilidad de crecimiento tanto en lo personal (mayor dignificación) como en lo social (mayor humanización). En cuanto a la ética, la persona es básicamente un "ser para el encuentro". En éste, la persona se descubre como sujeto frente a sí mismo ("yo") y alteridad frente a otros ("tu"), dentro de un contexto social ("nosotros"). El crecimiento de la persona gira en torno a la subjetividad (formación de una personalidad que repercute directamente en la relación con los demás); la reciprocidad (relación constante con los demás) y la responsabilidad social (hacerse parte de los demás). El hombre es un ser social. Conmuta relaciones que le permiten determinar su identidad. Su capacidad de alteridad se manifiesta por ser escencialmente indigente; tener sentido de pertenencia (formar parte) y de apertura al encuentro con otros. La responsabilidad colectiva es positiva en la medida de la existencia de la solidaridad para superar el mal. En cuanto a su afectividad, denota tener sentimientos que llevados a la práctica supone sentido de responsabilidad y por lo tanto de consideración ética. El sentimiento más fundamental es el amor que el mismo bien despierta; amar es el desear el bien a alguien. Se dice que los sentimientos son moralmente buenos cuando contribuyen a una acción buena. b) Categorias básicas del pensamiento ético. Las categorías básicas que permiten la elaboración de un pensamiento ético son la Libertad y la Responsabilidad. 1. La Libertad Etica La capacidad del hombre de autodeterminarse, de asumir la dirección de su vida, y de ejercer esta capacidad en una acción concreta, lo determina como hombre libre y en cuanto libre, un sujeto ético. La posibilidad de la autodeterminación introduce lo ético en lo que se refiere al hombre. Para que haya una acción moral, es necesario que junto a la acción voluntaria (libertad de voluntad) haya una elección (libertad de elección o libre albedrío). La libertad por lo tanto, no es una acción física sino una cuestión moral (es intrínseca a la acción moral) y en el ámbito de la moral no solo hay libertad, sino que, no puede no haberla. La libertad moral es la posibilidad de ejercer una acción moral. No consiste solo en la posibilidad de elegir, sino que en la medida de esa elección, que contribuya al crecimiento verdadero de la persona. Esa elección no solo se refiere al enfrentamiento de posibilidades elegibles, sino además, significa una elección sobre sí misma a favor o en contra del bien o de la verdad. Por lo tanto el referente de la libertad humana no es la ley sino la verdad, ya que sólo por medio de ésta, se encuentra la misma libertad. La verdad orienta la libertad, la encamina a su plenitud y permite la convivencia humana. Libertad es la es la facultad de disponer de si mismo; de obrar (o no obrar) por sí mismo acciones deliberadas. Estas alcanzan su perfección cuando se realizan en virtud del bien supremo. Caracteriza los actos propiamente humanos, actos voluntarios y responsables del autor, es decir, hace al ser humano responsable de los actos de que es actor voluntario (es propio del hombre actuar deliberadamente). La responsabilidad significa la ejecución reflexiva de los actos, ponderando las consecuencias del bien y mal en cuanto a alcanzar cuotas mayores de humanización, crecimiento individual y social. El Hombre es una Unidad Totalizante, es decir el sujeto moral es "todo" el hombre (no hay separación de cuerpo y espíritu sino se refiere a la integridad): Concurre el hombre integral y se expresa el hombre total. En efecto, al acto singular debe atribuírsele mayor o menor valoración ética cuanto más profunda o superficialmente se exprese la persona en él. A mayor o menor profundidad con que intervenga "toda" la persona en un comportamiento moral, mayor o menor importancia tendrán sus actos. El hombre en cuanto a un todo aparece como una Inteligencia Sentiente: esto significa que: El hombre es un ser vivo en cuanto a que tiene actividad propia e interacción adaptativa con el medio. Es Original ya que tiene la capacidad de pensar abstractamente; comunicarse. Es Inteligente, porque tiene la facultad de inteligir realidades. Ya que la intelección es una habitud del hombre, lleva incluido el sentir, es decir la habitud del hombre es la inteligencia sentiente. Posee una habitud que se manifiesta como intelectiva y como sensitiva al mismo tiempo. La sensibilidad está intrínsecamente en la inteligencia humana. La comprensión del hombre como inteligencia sentiente debe ser asumida dentro de la antropología moral. En ella se ve que en todo comportamiento moral la manifestación unitaria del hombre es dimensión sensitiva e intelectiva. En todas las acciones humanas, actúa siempre esta actividad de la inteligencia sentiente. Posee además una Estructura Personal ya que el hombre es una realidad personal Tenemos dos aspectos de la persona: 1.La estructura del ser personal: tiene que ver con su conformación, su individualidad y su personeidad. *Persona significa conformación, es decir, sus elementos son conectados en estructura y función, donde cada una de sus partes subsisten desde el todo y el todo subsiste desde las partes. *Individuo significa una entidad cuya unidad se aplica negativamente, en el sentido que alguien es individuo en cuanto no es otro, es decir está determinado a su ser. Persona, en cambio, se refiere en cuanto dicha unidad es definida positivamente ya que es libre y aún consistente en su tal. *La personeidad lleva consigo una interioridad de autoconsciencia y autoposeción. Persona es el ser conformado, interiorizado, espiritual y creador, siempre que esté en sí mismo y disponga de sí. Para el hombre entender que "él es él y yo soy yo" es algo natural, ya que cada persona es un centro dinámico único de los actos. 2.En cuanto a las Propiedades del ser personal, podemos señalar: El ser personal es único e indefinible debido a su complejidad. No termina de abarcar ni de acabar, lo que lo hace inaccesible; es nombrable pero no numerable. El es él! , sin ser más que otro, haciéndolo incuantificable. Al revelarse desde su interior y en el interior del otro, no puede ser indiferente ya que le atañe en lo más vivo. La noción de persona juega un papel decisivo en la moral ya que el sujeto y objeto de la moral es la persona, es decir se trata de personalismo moral. La importancia del concepto de persona para la moral se entendería en todo los niveles, esto es, en el contenido y en la estructura. El contenido es primero y fundamental, de donde se derivan todos los demás. El sujeto del comportamiento moral es la persona, es decir, la unidad como un todo, con todas las características mencionadas. * El hombre es Un ser Para el Encuentro. Ya que es en el encuentro consigo mismo; con lo trascendente; con los demás y con el mundo que la persona se va descubriendo frente así misma y frente a los otros. Aristóteles concibe al hombre como animal político en cuanto ser social, ya que se realiza dentro de la polis, en el Estado-Ciudad, conviviendo con sus conciudadanos y realizándose en cargos cívicos. En el pensamiento aristotélico la comunidad política se identifica con la ciudad "ya que ella es la causa de todos los bienes del hombre". El hombre es un ser indigente porque precisa de los demás al interactuar en la comunidad, formar familia etc. Está destinado por naturaleza a vivir políticamente. La indigencia se fundamenta en el carácter sintáctico de su naturaleza (genitivo o dependencia de; ablativo o existencia de; dativo o existencia de misión hacia y tendencial). *Por último el hombre es una realidad inter-subjetiva (inter-personal), es decir, la persona tiene una estructura de diálogo , donde el "yo" se constituye en la referencia a "tu". 2.- Metas del ser humano. HACER EL BIEN La dimensión ética, condición que se construye libre y coherentemente, ha sido (y es) un referente básico del hombre, por cuanto su historia ha dependido en gran medida de sus libres y responsables decisiones. Estas han sido motivadas por "modelos" (sentido, fines, ideales) que trascienden a la simple realidad de los hechos. En efecto, la historia humana ha dependido en gran medida de las decisiones animadas por el sentido ético. La pregunta ética dice relación a la manera en que actuamos, es decir, de asumir responsablemente las consecuencias de los actos. Tiene por referente las categorías del bien y del mal. Nos invita a reflexionar sobre todo lo que ayuda a la realización auténtica de la persona, y rechazar lo que impide esa realización auténtica. La pregunta moral, que dice relación al cómo ser bueno o más bien al cómo hacer el bien, se sustenta en la presunción de que del hombre bueno presumen buenos actos, sin embargo no es lo mismo la búsqueda del ser bueno con el esfuerzo por hacer el bien. La pregunta moral del cómo hacer el bien, implica una condición de apertura hacia los demás. LA DECISIÓN ETICA Todo comportamiento moral comienza con una decisión (que también es el primer acto voluntario). Dicha decisión genera una acción donde el hombre se hace causa, se identifica y se compromete. Por medio de la intención motivada inaugura una camino de acción sobre un proyecto futuro. En su decisión se enfrentan instintivamente todos los valores y que por medio del consentimiento dan origen al surgimiento de algo nuevo. CONCRECIONES DE LA ACCION MORAL La intención moral debe tener una orientación hacia un fin (determinante de la vida moral) y hacia una concreta voluntad. La intención es moral cuando el fin es moral. De las tres fuentes de la moralidad (objeto, fin, circunstancias), el objeto es la fuente inmediata. La intención debe " llenarse" con el contenido del objeto moral. La Acción moral objetiva (Finis Operis), requiere de una intención moral concreta (Finis Operantis) que involucre un fin moral (bondad o maldad). Cuando la acción e intención moral se complementan, emerge la perfección moral. Para alcanzar un fin moral, los medios utilizados deben ser también morales, ya que cuando el fin moral no es justificado por la moralidad de los medios, dichos medios eran un mal moral. No se puede admitir que una intención buena sea capaz de crear una estructura organizativa donde acciones desordenadas se justifiquen por la orientación hacia un fin moralmente bueno. 3.- Dinámica de la estructura del comportamiento moral. Cuando la personalidad moral (^ethos) se pone en acción o actúa, se vale de procesos de moralización que son los causes del dinamismo ético: 1. La opción fundamental La opción (elección) fundamental (proyecto general de vida), expresa el sentido moral de la persona. Mediante ella la persona expresa la decisión global de su dinamismo ético -dándole sentido a sus actos-, ya que elegir (opción fundamental) la personalidad moral (sentido moral), significa tomar una dirección de toda la vida hacia un fin. En la concepción cristiana, la opción fundamental es optar por una actitud moral; es contar con la posibilidad (gracia) que Dios otorga para la realización plena (llegar a Dios por medio de la vida en caridad, en cuanto a opción de vida). 2. La actitud moral La actitud (hacer) moral es la instancia en que se concreta la opción fundamental, la dimensión totalizante del ^ethos y del sentido moral. Dicha actitud no debe ser entendida como una posición corporal capaz de ser comprendida por los demás (Psicología) sino que en cuanto a la disposición que nos lleva a reaccionar positiva o negativamente ante valores éticos. LA DECISIÓN ETICA Todo comportamiento moral comienza con una decisión (que también es el primer acto voluntario). Dicha decisión genera una acción donde el hombre se hace causa, se identifica y se compromete. Por medio de la intención motivada inaugura una camino de acción sobre un proyecto futuro. En su decisión se enfrentan instintivamente todos los valores y que por medio del consentimiento dan origen al surgimiento de algo nuevo. CONCRECIONES DE LA ACCION MORAL La intención moral debe tener una orientación hacia un fin (determinante de la vida moral) y hacia una concreta voluntad. La intención es moral cuando el fin es moral. De las tres fuentes de la moralidad (objeto, fin, circunstancias), el objeto es la fuente inmediata. La intención debe " llenarse" con el contenido del objeto moral. La Acción moral objetiva (Finis Operis), requiere de una intención moral concreta (Finis Operantis) que involucre un fin moral (bondad o maldad). Cuando la acción e intención moral se complementan, emerge la perfección moral. Para alcanzar un fin moral, los medios utilizados deben ser también morales, ya que cuando el fin moral no es justificado por la moralidad de los medios, dichos medios eran un mal moral. No se puede admitir que una intención buena sea capaz de crear una estructura organizativa donde acciones desordenadas se justifiquen por la orientación hacia un fin moralmente bueno.